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La última y definitiva vez

1* Desde hace algún tiempo pienso mucho en aprovechar las últimas veces aunque no sean las últimas veces y solo puedan ser -o no- las últimas veces. Casi me obsesiona. Aunque uno nunca tiene conciencia real de una verdadera última vez hasta que la causa es demasiado evidente y se muestra con absoluta claridad, hay ocasiones en las que el final se intuye y solo queda rendirse ante lo irrefrenable.

2* Eso no le pasó a nadie cuando comió en el Katy por última vez. Mientras pedía caldero no se daba cuenta de que ya no habría más, cuando trajeron sardinas ni siquiera imaginó que se acabarían, al pagar la cuenta y salir no se despidió. Se cerró la puerta y con ella, el cofre de los recuerdos segó cualquier quedada a comer, imaginada o planeada, para el(los) año(s) siguiente(s).

3* Hay lugares que nos pertenecen a todos. El Katy no era el mejor restaurante, quizás tampoco un sitio en el que malacostumbrar al paladar, pero ante sus más que decentes creaciones nos sentamos muchos a charlar, conocer, reír o enamorarnos durante un verano cualquiera en el que el Katy siguió siendo de todos.

4* Aunque el Katy está abandonado desde hace un tiempo, la noticia de su derribo me impresiona. Supongo que aún me resisto a no recordar cómo fue aquella última vez en su terraza en la que no me di cuenta de que era, de verdad, la última y definitiva vez.

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